Amor se puede escribir con múltiples letras que responden a multitud de sentimientos que, a su vez, son la suma de hechos, circunstancias y motivaciones. Ieronimus Benavente: filósofo, escritor, periodista, lingüista y, además, apócrifo, anotó en su último diario de vida: “El amor es el deseo de perpetuidad concentrada en la actualidad; el espÃritu se nutre de la memoria como la mente de las razones del recuerdo”.
Establecido asÃ, hoy Amor se escribe con J, de José, y A, de Arroyo. Pensando y repensando me he extraviado: ¿Cómo es posible que tanta paradoja se mixture en sólo una persona con tanta coherencia? Ello es porque José Arroyo hizo exaltación de la amistad de un modo tan diáfano que, quien esto os dice, jamás logrará debido a su carácter antipático e, incluso, apático. Lo confieso, ya que estoy seguro de que me escucha ¡Sé que está aquà con la misma certeza de quien os vé.
Rendimos homenaje al amigo, al hermano, al padre y al compañero; a alguien cuya sonrisa eliminaba todas las sombras; con todos sus defectos -que son los nuestros- José hizo de sus virtudes la perfecta elegÃa de la belleza, que no consiste en otra cosa que tener las manos limpias, el corazón abierto, el alma libre y el corazón dispuesto. Ello no sólo es digno de reconocer, sino que, además, de agradecer. ¡Gracias José Arroyo, por haber existido entre nosotros!
Christian Parra-Duhalde. Julio del 2005.
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